Deberes Sí…deberes No. El tema en boca de todos

 

1-¿Qué tienen de bueno los deberes escolares?

Parece, por el número de artículos y publicaciones disponibles, que los inconvenientes son más claros que las ventajas. Es un clamor en contra lo que nos llega. Pero es un tema importante y para hacernos con una opinión al respecto es conveniente estudiar el asunto desde varios puntos de vista.

Se suele decir que uno no valora realmente algo hasta que lo pierde. Hasta que comprueba el efecto de vivir sin ello. Así que en este intento de reflexión sobre el tema de los deberes escolares lanzo la pregunta:

2-¿Qué pasaría si los deberes fueran erradicados del sistema de enseñanza?

He preguntado a María  de 11 años.

_¿Qué pasaría si a partir de mañana los deberes estuvieran prohibidos?

La niña, claramente sorprendida y con los ojos como platos…responde:

_¡¿Prohibidos?!

Mi respuesta:

_Sí, María… que ya los profesores no pudieran mandar tareas para casa… ¿qué pasaría si ya nunca ni tú ni ningún otro niño tuvierais tareas para casa?

_”¡Pues que no aprenderíamos…no sabríamos nada. Es mejor hacer deberes que no saber nada!”

Medio segundo después añade, ya con menos entusiasmo, pero con sentimiento:

-”¡Aunque estaríamos más alegres…y eso es muy importante también …estaríamos más alegres…”.

Como muy sensatamente ha respondido María, todo tiene sus pros y sus contras y hay que sopesarlos y medir bien los efectos positivos y negativos de nuestras propuestas, esas que implícitamente están tras nuestra opinión de las cosas.  Porque, ya puestos en faena, podríamos seguir planteando otras cuestiones que irían más allá. Como por ejemplo:

3- ¿Estudiar para un examen en casa también lo podemos considerar como una tarea escolar? ¿deberes no pero estudio sí? ¿o ni lo uno ni lo otro? ¿exámenes sí o exámenes no? ¿notas sí o notas no?….

Vamos ya vislumbrando que la cuestión es más compleja. Porque si no se hacen deberes en casa pero en casa se produce el estudio para el examen, ese que acarrea la nota, el suspenso o el aprobado, el bien, el notable o el sobresaliente…pues entonces, simplemente no tendremos deberes (lo digo en plural, incluyendo a las familias en el asunto…) pero tendremos un problema más grande para la preparación de los exámenes.

Si tan solo erradicamos los deberes, y el resto sigue igual…no sé si peco de pesimista…pero me parece que la cosecha de calabazas podría ser más generosa de lo normal. Imaginando que desapareciera todo el trabajo extra que hace el niño en casa, todo lo que los padres, explican, la atención individualizada y seguimiento que otorgan al niño para que logre aprender todo aquello en lo que “se atasca”, desde las sumas, hasta los problemas de matemáticas, pasando por los conceptos gramaticales y de todo tipo. Sin ese soporte ¿qué pasaría con las notas?

Y si ya nos planteásemos no hacer exámenes…¡¡¡¿qué podría suceder?!!!

Ya sería plantearse una vida sin escuela, sin colegio, sin estudios.

Llegado a este punto, creo que será mejor que no vayamos tan lejos, de momento…y vayamos paso a paso con el tema de los deberes escolares.

4-Vaya por delante que yo no estoy rompiendo ninguna lanza a favor de los deberes escolares. Sólo pretendo poner sobre la mesa pros y contras para ver un poco más claro el asunto.

Mi postura inicial es que el trabajo personal o individual del alumno (si es eso lo que son los deberes) podría hacerse también en el colegio y liberar así a las familias y al propio estudiante de horas extra tras la jornada escolar. No sé si la cuestión de fondo es que en el horario lectivo no hay suficiente tiempo y se ha de ampliar en el hogar, o la cuestión es que el cambio de ámbito del colegio al domicilio, aporta otros beneficios al demandar del niño que se responsabilice y sea autónomo en todo, incluyendo el ponerse con los deberes cuando otras opciones como juegos, tele y demás, están ahí, tentándole. Llegará el día en el que tenga que trabajar y tendrá que hacerlo aunque su jefe no esté mirando o supervisando su trabajo.

Esto tiene su importancia y su peso. Pero a menudo el niño no hace sus tareas escolares él solo. La madre, el padre o ambos, o incluso profesores particulares y academias están involucrados ayudando y sirviendo de importante soporte, y los deberes no son un trabajo individual ni autónomo del niño.

Si lo que se busca con los deberes es un refuerzo, un recuperar o subsanar lo que en la escuela no se ha logrado: que el niño haya adquirido los conceptos que debe aplicar, entonces la cosa se complica. En realidad muchas veces es algo imposible lo que se le está pidiendo a familias, profesores particulares y al propio niño. Si un niño llega a casa con tres horas o más de trabajo por hacer, si este trabajo no sabe cómo hacerlo porque no ha sido capaz de seguir la clase (sea porque se ha distraído, porque los contenidos son demasiado complicados para él, porque hace ya tiempo que ha perdido el ritmo de la asignatura…)entonces los deberes son algo mucho más peliagudo.

Cuando un niño no lleva los deberes hechos al colegio, cuando los lleva a costa de horas de trabajo que le impiden a él y a su familia tener vida más allá de los estudios, cuando necesita cada día apoyo de un adulto para hacer la tarea…yo no entiendo nada la razón de ser de los deberes.

¿Eso es lo que se pretende con los deberes? ¿Son conscientes los profesores de lo que está sucediendo en muchos hogares? Muy probablemente sí, porque ellos conocen a los niños y tienen información de primera mano, y se pueden imaginar perfectamente el panorama. Pero la cuestión es si disponen de medios para cambiar la situación. ¿Tienen medios y capacidad de decisión los docentes para tomar medidas al respecto? Yo creo que no.

Yo no creo que haya quejas de padres, ni de alumnos con respecto a las tareas para casa cuando todo va bien, cuando el niño de 10 años en 40 minutos ha hecho los deberes sin más. Su mochila está lista para la mañana siguiente y tiene toda la tarde para jugar. Esos deberes no son lo mismo que el complicado panorama familiar al que me referido anteriormente, cuando las cosas no van bien….

Entre uno y otro hay un paso intermedio que en mi opinión no debería obviarse. Los deberes deben servir para que el niño practique algo que ya sabe hacer y así se refuerce, fije conceptos y profundice el conocimiento y desarrolle habilidades. Practicar lo que ya sabes o en todo caso tras un esfuerzo abordable puede ser comprendido.

Cuando un niño no es autónomo y requiere ayuda de un adulto, primeramente el adulto que debería estar disponible ¿no sería lo lógico que fuera el propio profesor? ¿Hay medios actualmente para que el profesor atienda personalmente a cada uno de los alumnos que lo precisan antes de ser capaces de hacer las tareas autónomamente? ¿Se cuenta con la ayuda de las familias como parte de la solución a las deficiencias del sistema? ¿Qué pasa cuando la familia no puede explicar la lección, ni dispone de medios para pagar ayuda externa?

Sin esta ayuda de familias en las tareas académicas ¿los niveles de aprendizaje serían más bajos? Las familias como buenamente saben aportan explicaciones individualizadas y a la medida de cada niño. Cosa que en el aula tal vez no es posible porque hay demasiados niños.

La enseñanza en grupo que se practica en el aula por una parte insta a los niños a estar callados mientras se explica la lección (callados significa que no interfieran en las explicaciones porque si cada uno de ellos empieza a interrumpir, no podría el profesor terminar prácticamente ninguna frase, ni razonamiento). Pero ante este requerimiento implícito y explícito que se hace a cada niño (¡guarda silencio!) la consecuencia es que muchos se pierden, se distraen, pierden interés, ….en definitiva “se evaden y están en su mundo”. Y como están callados, pues pudiera parecer que están atendiendo. Y como son conscientes de que no escuchar está mal, tampoco se atreverán a reconocer que no se han enterado de nada, porque de alguna manera saben que pueden recibir reproches y críticas por no haber estado atentos.

Son niños y pretenderán pasar desapercibido y esperarán simplemente que pase el tiempo y llegue la hora del recreo, de charlar y jugar y que por fin termine la mañana y puedan salir del colegio. Cuando llegan a casa y tras la comida ya está su madre preocupada “¿tienes deberes? ¿tantos? ¿es porque no has hecho los ejercicios en clase o porque ha mandado tarea para todos?” Algunos habrá que reconozcan que durante la clase se han quedado atrás, pero también los hay que optarán por negarlo.

Y empieza la tarde con nervios por parte del adulto que toma a su cargo que el niño vaya con los deberes hechos al colegio al día siguiente. La tarea se alarga, el padre o la madre se desespera, el niño no se centra, “hay que estar encima o no hace nada”. Hay que empujarle, leer por él. Y la situación se atasca, el tiempo pasa, la cena, el baño, los otros hermanos también demandan atención.

5-¿Hace cuánto tiempo que le ayuda a su hijo a hacer los deberes?

Y muchas veces las familias llevan años haciéndolo y están temiendo que la cosa cada vez es más complicada, cada vez necesitan más, este año más  que el anterior. Los padres lo harán todo por evitar que el niño se quede atrás. Que no repita, que no pierda el curso, que estudie para que en el futuro pueda encontrar un trabajo y ganarse la vida. La madre sin decirlo, casi sin darse cuenta está permanentemente preocupada con el tema. Pero el niño que tiene delante sencillamente no está interesado, no se esfuerza, o parece que no llega, no puede ya alcanzar el nivel que se le exige. Ambos están afectados, aunque parezca que le pequeño “pasa de todo”, la situación tampoco es nada fácil para él. 

Gracias a la tarea titánica de las familias muchos niños van salvando la situación, más o menos y los padres son conscientes de que sin su intervención en las tareas del niño las cosas no mejorarían o al menos así lo ven y así lo viven. Saben que al niño no hay que hacerle los deberes, y lo intentan. Pero cuando el reloj se les echa encima no pueden evitar pisar el acelerador y terminar como sea la tarea.

Son niños que no tienen especiales necesidades, tal vez alguna dificultad en la lectura, las matemáticas, o se distraen con facilidad. Son niños como todos los demás que demuestran ser bien listos para cualquier cosa de su interés. Pero que no logran hacerse con la dinámica de las clases escolares y se han hecho a la situación aplicando estrategias varias. Aprendiendo a sobrevivir en un medio no hostil, pero sí difícil. Porque se le pide lo que no puede dar. La presión es grande, se le exige algo que le resulta inalcanzable y al final ante esta sutil incomodidad permanente, el niño puede dar el paso y abiertamente declarar que no le gusta, que no quiere, que odia el colegio.

Los deberes son “la prueba del algodón”. Un niño que hace las tareas escolares autónomamente, que las termina en un tiempo razonable y se siente bien cuando por fin recoge su material escolar en la mochila y empieza su parte del día libre, de juego y de libertad y vida familiar y con sus amigos, se beneficia de los deberes. Un niño que estudia para los exámenes después de que ha practicado y manejado los conceptos durante la semana podrá en poco tiempo preparar la materia y aprobar.

Entonces cuando todo va bien con los deberes, yo diría que de momento podríamos dar el ok a las tareas y al estudio en el hogar para memorizar y para preparar los exámenes. ¿Que hay otras formas de evaluación? Desde luego, y seguramente otras formas de estudiar más efectivas y más creativas, sin duda. Pero al menos creo que cuando “todo va bien”, cuando el niño lo lleva bien y los resultados son buenos, se le puede dar el visto bueno a los deberes mientras no se implementen otras opciones mejores. 

Pero los deberes que son un problema familiar, son en mi opinión un parche que solventa una situación de fracaso de las instituciones. No de los docentes, no de las familias…aunque todos podemos mejorar, claro está. Pero creo que es evidente que hay un problema, porque hay muchas familias que lo están viviendo y muchos docentes y sobre todo muchos niños.

6-¿Y si en lugar de evaluar midiendo en cada niño que ha hecho un examen el porcentaje de acierto/errores del alumno (la nota que ha sacado como ahora la entendemos), midiéramos la distancia entre el nivel exigido (que sería el del 5) y el nivel medio alcanzado en el aula (nota media de la clase obtenida en un determinado examen)?

Es decir, si hay 25 niños en un aula y la nota media ha sido un 3 se aprueba a todos los que han alcanzado esta calificación. 

Y entonces se repite la lección y se hace otro examen para que la media de la clase alcance el 5.

Tal vez haya 4 niños que no han alcanzado el nivel en esta segunda oportunidad, por múltiples razones (están retrasados desde hace tiempo y no logran superar sus lagunas, tienen dificultades de lectura, de matemáticas…etc.). ¿ Y si se les diera entonces voz a esos 4 niños para que compartieran con todos sus preguntas, sus dudas, su temores…y si entre toda la clase se intentara ayudar colocándose en sus zapatos, poniéndose a su nivel? Delante de la clase  lanzaran preguntas a los otros niños y éstos intentaran responderles. Sin intervención directa del profesor, sin reproches y sin humillación. Cooperación. Refuerzo tanto de las buenas preguntas de unos como de las buenas respuestas del resto. Hacer vivir a la clase la nota de todos como un logro compartido.

7-Muchas fórmulas de evaluación y de enseñanza se pueden aplicar, siempre y cuando los profesores puedan decidir y no tengan que seguir ciegamente el ritmo que se les marca sí o sí. Pero la clase tiene que ser un entorno de cooperación, de integración, de apoyo mutuo, aceptación de todos y de respeto a las diferencias.

Diferentes capacidades y habilidades pueden cooperar y mejorarse mutuamente. Un niño que tiene gran capacidad lógico matemática recibirá como un reto explicarle a otro lo que este último quiera preguntarle. Y ambos se benefician. Cuando se hace una ascensión al pico de un monte se va en grupo, y se va al ritmo del más lento. Los más lentos se colocan delante y van marcando el ritmo. Nunca así se quedarán atrás con riesgo a quedar atrás y perderse y el impulso de los de atrás les dará aliento y fuerza. No competir, sino cooperar es lo que nos hizo humanos.

Me he ido un poco por las ramas (os pido disculpas), pero espero también haber tocado algo la raíz del asunto.

Indudablemente es tan sólo una opinión personal, parcial e imperfecta pero sincera. Soy consciente de que los docentes tienen mucho más que decir, y las madres y padres, y los niños. Cada uno desde su posición ve el asunto diferente y entre todas las visiones y vivencias creo que se logra un reflejo más fiel y completo de una realidad que ahora tanto nos preocupa. Una realidad que queremos cambiar para mejorar. Que lo logremos depende de nuestra capacidad para comprendernos y para unir fuerzas.

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