La cuna era demasiado alta

Sara acompañó a su hija Amalia a comprar una cuna. Miraron muchas y la que captó la atención de Amalia era de madera, muy alta.

Sara no tardó en hacer el comentario._Es demasiado alta, Amalia. No es nada práctica.

Amalia miró a su madre contrariada._Mamá, es preciosa y de madera. Es una cuna muy sólida, mamá.

Sara no se atrevió a decir nada más. Lo último que quería era discutir con su hija, así que pensó que ya hablarían luego y no delante de la dependienta. Salieron de la tienda y Sara quiso volver sobre el tema, pero en seguida se dio cuenta de que Amalia estaba decidida, y que nada de lo que le dijera podría hacerle cambiar de opinión. Así que se resignó. Al fin y al cabo era cosa de su hija.

La cuna acabó en el dormitorio de su nietecito que nacería pocas semanas después. La cuna era muy elegante y todo el mundo admiraba lo bien que quedaba pintada del mismo color que las paredes.

Pero Amalia y su marido pronto se dieron cuenta de lo evidente: la cuna era muy alta y muy poco práctica. Amalia no era muy alta, aunque no tan bajita como su madre. El marido de Amalia casi siempre se encargaba de poner al bebé en la cuna. Aunque Amalia también podía hacerlo, le costaba más trabajo. Resolvieron el tema colocando un pequeño taburete delante, el que usaba Amelia en la cocina para llegar a los armarios más altos.

El bebé ya tenía ocho meses la primera vez que Amalia y su marido pidieron a Sara que se quedara con el niño por la noche porque estaban invitados a una boda. Sara consiguió dormir al niño en sus brazos y con mucho cuidado para no despertarlo lo llevó a la cuna. Muy despacito y con su nieto en brazos se subió al altillo que habían colocado delante de la cuna. Y sin aliento intentó subirlo para salvar la altura necesaria, pero en aquella posición no era fácil sostener a pulso al bebé y mantener el equilibrio. Con sumo esfuerzo logró levantar al niño y mantenerlo horizontal para no despertarlo.

Suavemente Sara intento inclinarse para bajar a su nieto para depositarlo en el colchón pero antes de llegar ni siquiera a mitad de camino, el cuerpo de la abuela se volcó, cayendo cabeza abajo dentro de la cuna con el bebé en brazos. Sara protegió al bebé con sus brazos y no paso nada, pero allí estaba ella, junto al sorprendido y despierto bebé. Había sido una voltereta completa en el aire. Como pudo, Sara se puso de pie sobre el colchón y salió de la cuna utilizando de nuevo el escalón auxiliar. Ya fuera, comprobó bajo la mirada atónita del niño, que la situación ahora era complicada:

El niño estaba totalmente despierto, con los ojos como platos, y asustado. Estaba claro que se pondría a llorar al instante si no lo cogía. Pero ¿cómo podría Sara sacar al niño de la cuna? Desde fuera ni subida al altillo lo podía alcanzar. Desde dentro no tenía suficiente fuerza ni agilidad para poder salvar la altura y salir de la cuna con el bebé en brazos….

La cuna era demasiado alta.

Afortunadamente la cuna era muy sólida. Cuando Amalia y su marido llegaron a casa y entraron al cuarto del niño y se asomaron a la cuna se quedaron boquiabiertos: Sara y su nieto dormían plácidamente abrazados.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s